A los internáutas...

Este es el Blog de un soñador que soñó ser un contador de historias. Algunas os gustarán y otras, puede que no, pero todas ellas son suyas, de su invención, a veces reales, otras no...Pero todas, siempre, de un modo u otro, buscan posar caricias en los corazones. allá donde se encuentren.

Nandín

martes, 10 de junio de 2014

Ochobre gris (Día 12 - Oviedo)

...¡Agacha la cabeza mi niña, cagun Dios...!
.-le gritaba de rodillas....-¡Agacha la cabeza que te van dar mi amor! -con el gesto distorsionado por el miedo, apretando el fusil con una mano y alargando la otra en un intento vano de agarrarla y obligarla a refugiarse en aquella barricada, formada con enseres, colchones y algún que otro cuerpo muerto de los camaradas alcanzados en la refriega...
.-¡¡Hijos de putaaaaaaaaaaa...!! gritaba ella, sacando medio cuerpo por encima del parapeto, mientras vaciaba la metralleta en dirección a los soldados regulares, destinados para sofocar la revolución, y que avanzaban con tiento, ocultándose en los portales y en media barricada que a su vez, habían formado para defenderse de los pocos mineros que aún aguantaban, haciéndose fuertes por las calles de Oviedo, resistiéndose a rendirse o a fugarse, como muchos de los compañeros de los que todavía quedaban en pie.
.-¡¡Venid si tenéis cojonesssssssss...!! .-seguía gritando como posesa, mientras se sentían los silbidos de alguna bala entorno a ella, como amantes mortales en busca de cuerpos para tomar...
Una granada estalló a escasos metros y todos instintivamente se agacharon o dieron con sus cuerpos por el empedrado de la calle, medio aturdidos. A Nardo, la onda expansiva le había empujado, cayendo de bruces al suelo, mientras el fusil Mauser le salía despedido de entre sus manos. Ladeo la cabeza y vio cómo, uno de los camaradas medio parapetado en el balcón del primer piso, se caía al suelo salpicando de rojo la barandilla...
Buscó con la mirada en un gesto instintivo a Elisa, para cerciorarse de que seguía con vida; Con el angustioso temor de verla inerte sobre el parapeto, o sobre el pavimento, muerta. Eli, seguía con sus improperios, atenuados por el susto reciente que le había hecho esconderse, cubriéndose del chaparrón tronador de la explosión. La miró cómo se volvía a incorporar, retomando los insultos y soltando otra ráfaga casi sin apuntar, al frente, donde se creía que podían estar los soldados al acecho. Nardo, apoyado sobre sus codos, notó como un embotamiento la falta de respuesta de sus músculos para intentar incorporarse. Se dio cuenta que el cansancio de aquellos días intensos, la mala alimentación, la angustia y el temor constante, le estaba pasando factura...Se la quedó mirando...Embobado, como el primer día que la vio saliendo de La Pola de Laviana hacia Oviedo, con aquella camisina blanca y pantalones de Mahón, con su pelo corto que, más parecía un guaje que una neña de diecisiete años...Y supo que la amaría siempre...
Daría, en aquel preciso momento, media vida por estar con ella muy lejos de allí, lejos de toda aquella locura, de tantos sinsabores, de tantas ilusiones rotas y tantos peligros, paseando al atardecer en cualquier prau cerca del mar, de la mano...Se imaginaba robándole un beso de los labios e imaginaba su cara de asombro mientras se lo devolvía entre risas y chanzas típicas entre un rapaz de diecinueve y una guaja de diecisiete...
.-¡Levanta Nardín, cagün la puta bastos...!
Sintió unos brazos que le sujetaban por detrás y le empujaban hacia arriba...Volvió un poco la cabeza y se percató de que era Blin el de Los Llanos quien le estaba ayudando a incorporarse.
.-Parezme que tan mandando a los putos moros en avanzada para atacarnos...¡Hay que resistir como sea y largarnos ya de una puta vez de esta trampa !
.-¿Onde anda Luisón? le preguntó mientras recogía el fusil del suelo rápidamente...
.-La última vez que me fijé, taba en esa ventana de encima nuestra "cazando" soldados...-Luisón tiraba muy bien y lo hacía al estilo del recechu, como cuando cazaba con su padre y se apostaban vigilando los pasos de los jabalíes...Ya llevaba unas cuantas bajas contabilizadas y seguía sumando más...Se parapetaron los pocos que ya quedaban resistiendo en aquel sitio y Nardo se acercó a Elisa...-¿Tu, que ye lo que te dije ho?
Nun vas parar hasta que te revienten la cabeza - Ella lo miraba seria, sin decir nada, mientras rellenaba el cargador de su subfusil MP 28, respirando como poseída...Él se percató de que estaba como "ida", con un subidón de adrenalina tal, que la abstraía absolutamente de todo aquello que no fuera disparar contra algo, contra alguien...Como queriendo, de una forma enloquecida, sacar a borbotones al mismo tiempo que sus balas, toda la rabia contenida...La miró y lo comprendió, al ver las lágrimas que corrían como pequeños arroyos lamiendo los surcos de piel y la roña amontonada que la afeaban, dándole un aspecto de desamparo y tristeza que le calaban el alma.
.-¡Ya vienen...! -gritó Toño- y todos se prestaron a encontrar resquicios por donde apuntar de forma segura. Nardo se colocó al lado de Lisina y disparó a la par que todos...
Vieron caer a dos moros mientras un tercero retrocedía cojeando para ponerse a salvo detrás de sus líneas. Toño yacía muerto, con un tiro en la cabeza y otro más medio agonizaba casi en silencio, con la mirada clavada en el cielo, fija, mientras levantaba ya con poca fuerza una mano, con los dedos extendidos, como queriendo tocar alguna de las nubes grises, nubes de lluvia, ajenas a todo aquello.
.-¡Están montando un cañón de artillería! -Les gritó Luisón mientras asomaba por el portal de la casa donde se había apostado- ¡Tenemos que salir de aquí o nos barrerán! -insistía con vehemencia, cuando se dio cuenta que apenas sumaban cinco los que quedaban en pié, además de él mismo.
.-¿Cuantas granadas de mano tenéis?- dijo Pablo el de Los Llanos...
.-Yo tengo una- le dijo Nardo- Yo otra, les dijo Berto...
.-Pues con la mía ya son tres...Escuchad, vamos a soltáios una salva tiros y cuando os avise, lanzámosles a la vez y salimos cagando leches...¿Oyistis? -asintieron todos...
Empezaron a tirar, desaforados, enloquecidos, enrabiados a la espera de la señal...Sobre el ruido de los disparos cruzados, se oyó el sonido de disparo de la pieza artillera, como si de un volador de feria disparado al oído se tratara...Casi seguido, sintieron la explosión como un puñetazo de gigante.
El primer piso encima de ellos a cuatro metros se estremeció, perdiendo parte de sus paredes con fragmentos que entre lluvias de cascotes, cristales y maderas se desplomó sobre ellos, causándoles cortes y magulladuras en todo el cuerpo. Luisón se echó la mano a la cabeza y comprobó como le brotaba la sangre de un corte feo en un lado. Se palpó la cabeza y el cuerpo por si tenía algún cristal o astilla de madera clavado. Nardo se había echado encima de Elisa, protegiéndola el cuerpo mientras sentía varios golpes en la espalda causados por unos cuantos cascotes...Los demás estaban aturdidos, pero no parecían que estuvieran peor que ellos mismos.
Por una esquina detrás de ellos, aparecieron tres camaradas para darles apoyo...
.-Nos tenemos que ir...La ciudad está ya casi perdida y la gente está escapando cada vez en mayor número hacia el monte o por donde pueden...-Les habló uno. Era Chus, el maestro de Lena, que en su huida, con dos compañeros, había sentido la explosión y se habían asomado para poder auxiliar a quién lo necesitase. Pablín Y Nardo asintieron mirando a Berto y a Luis que medio les escuchaban alternado tiros con los de enfrente.-Debemos hacerlo ya, antes de que les de tiempo a corregir el tiro y nos mande a todos al infierno de cabeza-espetó Nardo-¿tenéis alguna granada?-Yo llevo una, contestó uno de los compañeros de fuga de Chus.-Es el momento entonces de replegarse-les dijo Luisón...
Lanzaron las granadas al mismo tiempo que avanzaban unos pocos moros más, delante de otros tantos regulares...Nardo agarrando por la cintura del pantalón, hizo retroceder a Lisa casi a la fuerza...
.-Déjame coño, que aún me queda munición-le gritaba ella...
.-Munición y de la gorda tienenla ellos y como no nos marchemos, nos van a enterrar aquí...¡Vámonos hostia !

Tras el primer disparo efectuado con el cañón de infantería de 37 milímetros, arma fácil de trasladar y de montar  para combatir en calles y sitios estrechos, el capitán de Regulares Esteban Gómez, que había seguido el proceso con sus prismáticos, ordenó corregir la altura y la deriva del pequeño cañón, para intentar con su segundo disparo acertarles justo en el medio de la barricada de los insurrectos.
.-Abdul, manda algunos de tus hombres que avancen hacia el enemigo-ordenó a un sargento- ¿Donde están el resto de los hombres de Alí?
.-Algunos si han mitido en aquellos portales mi capitán...
.-Haz que regresen ahora mismo o te mando fusilar con todos ellos...Ya habrá tiempo para violar y robar cuando acabemos con esta panda de comunistas de mierda.
.-Si mi capitán - le contestó el sargento moro de Regulares mientras corría para buscar a aquellos de sus hombres que en ese momento, se habían colado en algunas casas y se divertían con alguna mujer a la que violar.
Gómez disfrutaba con la acción, era militar de carrera y aquella revolución obrera y el echo de que les hubiesen escogido y sacado de África para apaciguar aquella revuelta obrera, le parecía un golpe de suerte para poder medrar en su carrera y conseguir como mínimo, la estrella de ocho puntas de comandante.
.-La pieza está lista mi capitán...-Le dijo uno de los servidores del cañón...
Justo cuando iba a ordenar disparar sobre la posición de los revolucionarios, tres o cuatro granada enemigas matando a tres de sus soldados en avanzada e hiriendo a varios, a los que aquel ataque, por inesperado, los había pillado por sorpresa.
¡¡Fuegoooooooooo...!! ordenó encolerizado, al mismo tiempo que se ajustaba los binoculares para alcanzar a ver cómo aquella barricada saltaba por los aires justo por su centro, como había calculado. -¡Vamosssssss, a por ellos, que no se repongan si es que queda alguno de esos bastardos con vida...!-Azuzó a sus hombres, avanzando hacia ellos con paso firme....


2 comentarios:

  1. Pues lo he leído de un tirón.....está bastante bien narrado.Sigue con éllo. saludos de Pablo.

    ResponderEliminar